La vida son etapas.
Desde mi infancia hasta la etapa universitaria, mi vida ha estado marcada por momentos significativos que han sido reflejados en películas icónicas.
En mi infancia, jugaba incansablemente con mis amigos y primos, inmerso en la emoción del fútbol y la aventura de los memorables videojuegos y películas que disfruté junto a ellos. Este periodo, lleno de risas y fraternidad, se asemejaba a las travesuras de los niños en Los Goonies, donde un grupo de amigos se embarca en una emocionante búsqueda de un tesoro perdido. Al igual que ellos, nos aventurábamos en mundos imaginarios, enfrentando desafíos y fortaleciendo nuestros lazos de amistad.
Ahora, en la universidad, atravieso un nuevo comienzo y un momento de crecimiento personal. Al igual que los personajes de La La Land, me centro en perseguir mis sueños y enfrento desafíos mientras busco mi lugar en el mundo. La película me recordó la importancia de la pasión, la determinación y la conexión humana en el viaje hacia la madurez y la realización personal, sin enajenarme o excusarme por lo que dicen o hacen los demás.



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